Ronda Rousey, pionera del MMA femenino y primera campeona de peso gallo en UFC, ha lanzado una crítica directa a la división peso gallo femenina de UFC en 2026. Según ella, el estancamiento en esta categoría se debe a que la organización estaría priorizando el atractivo físico por encima del talento deportivo al seleccionar nuevas peleadoras.
Ronda Rousey, un referente en MMA femenino
Rousey fue la primera mujer en pelear en UFC y la responsable de consolidar la división peso gallo femenino en la organización. Durante su carrera profesional se convirtió en una estrella global, acumulando una fortuna estimada en 125-175 millones de dólares según datos de MMA FNL. Tras una derrota en 2016 ante Amanda Nunes, dejó las artes marciales mixtas para explorar la lucha libre profesional, pero regresó recientemente en mayo de 2026 con una victoria rápida en 17 segundos por sumisión ante Gina Carano, en un evento transmitido por Netflix y producido por Most Valuable Promotions.
La crítica central: el peso de la apariencia sobre el talento
Según una entrevista publicada por BJPenn.com el 3 de julio de 2026, Rousey sostiene que la división peso gallo femenina “está en una pausa”, en gran parte porque UFC estaría buscando “mujeres que sean bonitas” más que peleadoras con verdadero potencial técnico. Esta percepción sugiere que el reclutamiento y promoción de nuevas atletas se está basando en la imagen comercial en lugar del nivel competitivo, una práctica que, a su juicio, perjudica la calidad y el desarrollo natural de la categoría.
Estado actual de la división peso gallo femenino
Actualmente, Kayla Harrison ostenta el título peso gallo tras coronarse campeona el 7 de junio de 2025. Harrison, doble medallista olímpica de judo, posee un récord MMA de 19-1 y una marca de 3-0 dentro de UFC. Sin embargo, la división sufre por la falta de profundidad real y figuras dominantes que generen interés sostenido. Desde la suspensión del combate titulares entre Harrison y Amanda Nunes en UFC 324 por lesión (enero de 2026), la actividad femenina en la categoría ha sido escasa; solo hubo un combate femenino entre los eventos UFC 324 y UFC 325, lo que refleja una preocupante inactividad.
Peleadoras como Julianna Peña, Norma Dumont o Ketlen Vieira mantienen la competencia pero no han logrado consolidar un grupo con rivalidades claras y narrativas capaces de captar la atención general. La retirada prematura de Amanda Nunes, considerada una de las mejores de la historia, ha dejado un vacío de “star power” difícil de cubrir.
Contexto histórico y consecuencias
La división peso gallo femenina fue construida tanto desde el talento como desde el mercadeo, con figuras como Rousey y Carano que no solo destacaban en la jaula sino también como íconos publicitarios. La apuesta original combinaba habilidades con carisma y presencia mediática, pero no descuidaba el mérito deportivo. La crítica de Rousey refleja una preocupación sobre el rumbo que está tomando la UFC, al parecer más enfocada en el atractivo que en el rendimiento deportivo puro.
Esto corre el riesgo de profundizar el estancamiento existente, pues la calidad técnica debería ser el pilar para desarrollar peleas emocionantes y competencia genuina. Los resultados recientes, incluidos los bajos números de combates femeninos y la falta de protagonistas consolidada, refuerzan este diagnóstico.
Conclusión
La opinión de Ronda Rousey ofrece una lectura con base en la experiencia y recientes evidencias sobre la división peso gallo femenina. Más allá del debate sobre la importancia del atractivo, la prioridad de UFC debe ser fomentar el talento deportivo y la profundidad competitiva para que la categoría mantenga interés a largo plazo. En 2026, la división requiere un impulso que trascienda imágenes de marketing y revitalice la auténtica esencia deportiva del MMA femenino.
