Islam Makhachev explica por qué rechazó UFC 324

El campeón de peso wélter de la UFC, Islam Makhachev, tomó una decisión que dejó a más de uno con la boca abierta: rechazó la oportunidad de defender su cinturón en UFC 324, programado para principios de 2026. ¿Por qué un guerrero de su calibre, que está en la cima del juego y con la racha más larga de victorias en la historia de la división ligera, decidió dar un paso atrás justo cuando todo parecía encajar? Aquí te lo soltamos sin vueltas y con los datos que necesitas para entender a fondo este movimiento.

Makhachev no rechazó la pelea por capricho ni por miedo. Fue una jugada inteligente, técnica y con la precisión de un golpe soldado en un sparring de élite. La razón principal es clara: no daba el tiempo para un campamento serio ni suficiente recuperación. El ruso venía de una guerra limpia y efectiva en UFC 322, donde se coronó campeón de peso wélter tras tumbar a Jack Della Maddalena. Apenas nueve semanas después querían que entrara de nuevo a la jaula, con la presión brutal de defender un título en una nueva división.

Tiempo insuficiente para recuperarse y preparar un campamento decente

Para pelear como dios manda en la UFC no sólo hace falta tener talento; el cuerpo tiene que estar a punto, y el cerebro también. Makhachev y su equipo fueron tajantes: 9 semanas son insuficientes para un recupero real tras una guerra tan intensa, y mucho menos cuando se trata de adaptarse a estar un peso arriba. Nada de medias tintas ni “a ver qué pasa”. En el mundo del MMA, una mala preparación te deja vendido en segundos. El riesgo de salir mal parado era demasiado alto y él no llegó a la cima para regalar nada.

El Ramadán: factor religioso que no se puede ignorar

Sumale a la ecuación que Islam Makhachev es un musulmán practicante y respetuoso de sus creencias. El Ramadán, un mes sagrado de ayuno y reflexión, coincidía justo con la fecha de UFC 324. Entrenar a tope o competir en esas condiciones es un suicidio deportivo. Makhachev priorizó su salud mental y espiritual. Si esperabas verlo jugarse el cinturón sin estar al 100% físico y mental, estás soñando. Un campeón con cerebro sabe cuándo dar un paso al costado para volver más fuerte, no más roto.

¿Y los rivales? La UFC no se quedó quieta

En el entorno se rumorearon nombres como Kamaru Usman, un histórico ex campeón wélter, o Ian Machado Garry, una promesa que está buscando su lugar en el top. También salió a la palestra Michael Morales. La UFC quería armar un platillo fuerte para UFC 324, pero sin Makhachev en el cuadrilátero, tuvieron que improvisar. La pelea por el título interino de peso ligero entre Justin Gaethje y Paddy Pimblett pasó a ser la joya de la noche. Claro, sin el campeón real, la historia pierde un poco de sal y pimienta, pero es así la guerra de los negocios, y la UFC sabe jugarla.

Islam Makhachev y su lugar en el MMA hoy

Para poner en contexto lo que significa Islam Makhachev en la UFC, no es cualquier peleador que sale a hacer números. El ruso tiene la racha de victorias más larga en la división ligera — 14 en fila — y es un ex campeón en esa categoría. Actualmente, está número 1 del ranking libra por libra masculino en UFC. El tipo no es un cualquiera; es un carnicero frío y calculador que te quita el aire con presiones desde el grappling y te despacha cuando menos lo esperas con su striking certero. Su estilo es brutal y técnico al 100%, y su respeto por el deporte es tan fuerte como su pegada.

Conclusión

Islam Makhachev no salió corriendo ni evitando la pelea. Simple y llanamente, rechazó la defensa en UFC 324 porque entrenar y recuperarse con apenas 9 semanas entre combates era un suicidio deportivo, más aún con el Ramadán encima, que demanda concentración y respeto. Su prioridad fue mantenerse fuerte, sano y mentalmente equilibrado para volver, no para perder lo que ha construido con sangre, sudor y técnica impecable. Que ahora la UFC haya tenido que cambiar la pelea estelar demuestra que un campeón no se reemplaza fácil. El regreso de Makhachev después del Ramadán no solo será esperado, será con fuego y precisión quirúrgica. Quien quiera cinturón, que se ponga listo, porque este guerrero no ha dicho la última palabra.

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