El veterano y leyenda del MMA, Fedor Emelianenko, no se anduvo con tonterías después del UFC 322. El ruso mandó un mensaje brutal y claro: el entrenador de Jack Della Maddalena debe pedir disculpas por las burlas y provocaciones que lanzaron contra Islam Makhachev. La pelea, que tuvo lugar en Las Vegas, terminó con un resultado, pero la polémica no se quedó en la jaula. Fedor, con toda la autoridad que le da su historia, señaló que faltar al respeto a un campeón como Islam, especialmente desde el equipo contrario, es una línea que no se puede cruzar.
El contexto es simple: después del combate, el campamento de Maddalena decidió tirarle mierda en público a Makhachev, incentivando un juego psicológico que a Fedor le pareció una falta de respeto brutal. El “Último Emperador” recordó la importancia de los códigos del deporte, donde uno puede pelear con todo, pero humillar fuera del octágono es otro nivel. Y más cuando hablamos del ruso, uno de los mejores peleadores de la historia contemporánea, ahora campeón y dueño de un estilo demoledor.
¿Por qué Fedor exige disculpas?
Fedor no es alguien que suelte palabras al aire. En sus 20 años en el alto nivel del MMA, el respeto siempre fue una bandera. Para él, las bromas y burlas baratas tras UFC 322, donde Jack Della Maddalena fue protagonista enfrentando a Islam Makhachev, cruzaron la línea del profesionalismo. Emelianenko considera que este tipo de provocaciones desvirtúan el combate y le restan sabor a una guerra que se gana en la jaula, no en las redes sociales.
La controversia se desató después del evento principal, cuando el coach de Maddalena lanzó comentarios en tono de burla sobre la supuesta “fragilidad” de Makhachev, menospreciando su talento y su actual reinado en el UFC. Fedor, lejos de tragarse ese sapo, dio una respuesta directa: que pida disculpas, que respete al veterano del sambo y actual campeón ligero.
Jack Della Maddalena y su entrenador en el ojo del huracán
Jack Della Maddalena, el joven peso wélter australiano, nunca ha sido un peleador de medias tintas: técnica depurada y un striking que ya genera respeto. Sin embargo, el foco ahora está en su círculo cercano, principalmente en su coach, que no medió en críticas contra Makhachev tras su derrota. Eso no cayó bien en la comunidad rusa y tampoco en figuras históricas como Fedor.
La jugada psicológica tiene su lugar, pero cuando se convierte en provocación gratuita, el resultado es backlash. En un deporte donde mandan el golpeo limpio, la estrategia y el corazón, la mala baba fuera de la jaula suele boicotear la reputación de un equipo. Más cuando el rival es Islam Makhachev, alumno aventajado de Khabib Nurmagomedov y dominador absoluto con un grappling asesino y presión constante.
Islam Makhachev, el verdugo que no merece insultos
Islam Makhachev no llegó a la cima por ser un tipo fácil. Su wall-and-pound demoledor, su manejo implacable del piso y esa capacidad para desgastar mentalmente al oponente lo hacen un título duro de roer. Su estilo, que mezcla un wrestling de élite con sambo ruso cargado de presión y sumisiones como el kimura o el anaconda, ha puesto a temblar a más de un rival.
Que lo ataquen con insultos en vez de en la jaula simplemente diluye el mérito que ha forjado con sangre, sudor y miles de horas de entrenamiento. Y Fedor, que lo conoce de primera mano, no está dispuesto a tolerar esa falta de respeto.
Conclusión
En el MMA, no todo vale y los códigos importan. Fedor Emelianenko dejó claro que provocar y humillar fuera de la jaula no suma, resta. Y si hablamos de alguien como Islam Makhachev — un campeón con estilo demoledor y respeto ganado a pulso — la falta de respeto es intolerable.
El coach de Jack Della Maddalena sabe lo que tiene que hacer si quiere mantener cierta dignidad en esta guerra: pedir disculpas y dejar que la jaula hable por sí sola. En el combate, no en la boca floja.
Aquí no hay espacio para charlas baratas, aquí hablamos de puños, llaves y honor. Y Fedor, como siempre, no está para perder el tiempo.
