La sombra de Jon Jones fue imponente en la UFC, pero hoy ese fantasma está más difuso que nunca. Con el campeón pesado fuera de combate por una grave lesión, Alex “Poatan” Pereira no solo observa, sino que afila sus garras rumbo a la división más dura: el peso pesado. Pereira, actual rey del semipesado y bicampeón en la promoción, contempla subir de peso para convertir el caos en oportunidad. ¿El objetivo? Probar que él es el verdadero jefe de las divisiones grandes, y poner a todo el mundo a hablar de un choque de titanes con Jones. Esto no es solo ambición; es una amenaza que puede cambiar el mapa de la UFC para siempre.
Alex Pereira y la jugada maestra: conquistar el peso pesado
Alex Pereira no viene de paseo ni a dejarse tomar la medida. Este brasileño de puños de acero y técnica refinada dejó el alcoholismo a los 16 años para convertirse en una bestia de la jaula. Ya fue campeón de peso medio y ahora domina el semipesado, con un arsenal de golpes que desactivan rivales al instante. Pero a “Poatan” no le basta: el peso pesado lo llama y él quiere responder.
En su canal de YouTube, Pereira lo deja claro: subir a peso pesado es una posibilidad real. La idea no es mero capricho, sino una apuesta calculada. Aspira a ser campeón en tres divisiones distintas y así erigirse como uno de los más grandes en la historia del deporte. Técnicamente, el salto a la categoría +93 kg implica enfrentar estilos más lentos pero con una potencia brutal. Sin embargo, Pereira confía en su golpeo explosivo y condicionamiento para dictar el ritmo y dominar. Su plan incluye optimizar fuerza, no perder movilidad y, claro, apuntar a un combate que podría ser el evento del siglo.
La incertidumbre de Jon Jones y el vacío que deja en peso pesado
Jon Jones no es un peleador cualquiera: es, con permiso de pocos, el GOAT del MMA. Un fenómeno que arrasó como campeón más joven en la UFC y reinó tanto en semipesado como en pesado. Pero una rotura de pectoral en octubre de 2023 frenó su reinado justo cuando tenía la mira puesta en Stipe Miocic en UFC 295. La operación y recuperación le dejarán fuera al menos ocho meses, y su regreso no tiene fecha fija.
Esta ausencia lanzó la división de peso pesado a un limbo. Se creó un título interino para mantener el fuego vivo, pero el reinado de Jones está en suspenso. La pregunta es: ¿volverá Jones con la misma hambre o su tiempo llegó a su fin? Lo único seguro es que él mismo admitió que quiere la pelea contra Pereira si este sube a pesado. No es solo una pelea de cinturones, es un choque de generaciones, un evento esperado que puede cambiar el significado de la historia en la jaula.
El sueño de un supercombate y lo que viene para la UFC
Pereira vs. Jones sería más que un combate: es la narrativa que todo fan quiere. No solo es historia reciente. Es la lucha de estilos, de legado y de ambición brutal. Para la UFC, un combate así significa cifras en PPV por las nubes y una revitalización total de las divisiones pesadas.
Pero no todo es tan simple. Subir a peso pesado dejaría vacío un trono en semipesado, abriendo la puerta a nuevos talentos para ese cinturón. Al mismo tiempo, Pereira tendría que adaptarse a un entorno que no perdona errores: un solo golpe en esa división puede mandar a alguien a la lona de manera definitiva. El brasileño cuenta con técnica avanzada, golpeo quirúrgico y una mentalidad de guerrero, pero el desafío es gigante.
Conclusión: Impaciencia y expectación para un futuro incierto
Alex Pereira tiene la mirada puesta en la jaula más grande del MMA, y no piensa pasar desapercibido. Su posible ascenso a peso pesado en medio de la sombra que deja un Jon Jones lesionado es la chispa que puede prender el próximo gran capítulo de la UFC. Un “superfight” contra Jones podría ser el evento que los fanáticos llevan años esperando, y el momento en que Pereira solidifique su lugar en la historia del deporte.
Mientras la división de peso pesado espera volver a la acción con Jones, todos saben que “Poatan” no está en la jaula para hacer turismo. Viene a hacer ruido, a pegar fuerte y a pegar primero. Lo que venga, será a golpes de precisión y sin concesiones. La pregunta es quién sobrevivirá para contarlo.
