La familia Trump acaba de meter 23 millones de dólares en una empresa tecnológica vinculada a Conor McGregor. Sí, leíste bien: veintitrés millones. Pero no es cualquier inversión de gente que quiere estar en el juego, aquí hay estrategia, poder y puro negocio. Donald Trump Jr. no solo pone la pasta, también se sienta como asesor estratégico, al lado nada menos que del propio McGregor. Esto no es solo un guiño o apoyo simbólico, es una jugada para aprovechar la tremenda marca que tiene el irlandés, que va mucho más allá de la jaula.
La pregunta es directa: ¿por qué los Trump están metiendo semejante billete en la empresa de McGregor? La respuesta es brutalmente clara. Conor no es un peleador más, es una máquina de hacer dinero y generar atención que cualquier empresario sueña tener. Su alcance es global, su imán de fans es magnético y la familia Trump sabe que asociarse con McGregor les puede abrir puertas en el mundo tecnológico y comercial con un impacto inmediato. Además, la relación personal y afinidad ideológica entre ellos cimenta esta alianza que mezcla deporte, política y negocios sin rodeos.
La empresa tecnológica de McGregor: el nuevo round
El problema es que nadie sabe exactamente en qué está metiendo la plata la familia Trump. La empresa no se ha destapado aún del todo, pero todas las pistas apuntan a que están en un sector con mucha tracción: fitness, plataformas digitales de contenido o incluso criptomonedas, un terreno donde McGregor ya ha mostrado interés. No es raro que un tipo que hace del “show” y la marca personal su guerra prefiera un negocio tecnológico para diversificar y tener control total sobre su imagen y negocio.
McGregor no se conforma con ser un peleador; está construyendo un imperio. Su marca de whisky, Proper Twelve, demostró que tiene visión para levantar negocios que vuelan alto y su incursión en el mundo tech podría ser la jugada maestra para consolidar esa transición. La inversión de los Trump no es casualidad, apunta a un proyecto con potencial para romperla.
Donald Trump Jr.: más que un inversionista
Que Donald Trump Jr. no sea solo un donante pasivo y tome el rol de asesor estratégico no es cualquier detalle. Este tipo tiene experiencia en manejar grandes negocios y sabe cómo vender una marca. Su involucramiento indica que esta inversión tiene músculo para crecer rápido. Los Trump no suelen jugar al azar cuando meten tanto dinero; quieren controlar y apuntalar la estrategia, marcando territorio en la intersección entre política, negocios y cultura pop.
Por otro lado, la cercanía ideológica y el historial de apoyo mutuo entre McGregor y la familia Trump hacen que esta alianza sea más sólida, con una química que va más allá del papel firmado. Dos tipos que comparten el mismo instinto agresivo en sus planos, ya sea en la jaula o en la mesa de negociación.
¿Qué significa esto para el mundo de las MMA?
Este movimiento manda un mensaje potente: el luchador ya no es solo peleador ni una figura mediática, es un empresario con influencia global y socios de peso que apuestan a su visión. Para las MMA, esto abre la puerta a un futuro donde los atletas tienen poder real detrás de cámaras, pueden dominar desde el ecosistema de negocio y no solo en la jaula.
Además, esta inversión crea un precedente para que otras celebridades y figuras políticas se unan a proyectos tecnológicos deportivos, un sector que sigue en auge. La visibilidad que Anthony McGregor y la familia Trump pueden generar garantiza que esta nueva empresa se mantenga en el foco mediático, algo que en el mundo de las startups vale oro.
La jugada maestra en pocas palabras
Si eres fan de las MMA o de Conor McGregor, esto es mucho más que dinero fresco para un proyecto más. Es la confirmación de que el irlandés está jugando en otra categoría, la de los grandes empresarios que mezclan deporte, entretenimiento y tecnología a nivel global.
Los Trump invierten para capitalizar una marca que ya es leyenda, para sumar músculo con su experiencia empresarial y para ampliar su influencia fuera de la política. La empresa tecnológica de McGregor puede ser la próxima revolución en cómo los atletas controlan sus carreras y negocios. Aquí nadie da puntada sin hilo: este es un KO directo en la estructura tradicional de los negocios deportivos.
Al final, Conor McGregor sigue demostrando que no solo se gana a golpes, sino también con visión.
